domingo, 24 de agosto de 2008

¡Pelota en la red!

Es su gran pasión. Aunque en un comienzo quiso ser jugador, hoy es el mejor de la radio. Y no sólo relata, también cumple su rol de periodista, crítico, pero constructivo. Narra con perfección cada escena de un partido de fútbol, pero también, de su propia vida. Ernesto Díaz Correa, el relator de fútbol.

Por Enzo Olivera

El relator se sentaba en una de las cabinas preferenciales del Estadio de Wembley, acompañado por el comentarista José Antonio Prieto. Era una fría y nubosa noche de invierno, donde ambos tenían la responsabilidad de transmitir para miles de chilenos en el mundo.
–El equipo era diferente, el ritmo del relato era increíble, sentía que esa noche sería una de esas en las que te sientes orgulloso de ser chileno –afirmó. Después de dieciséis años volvíamos a un mundial donde “La Roja” se preparaba para ese evento tan importante, este era el último amistoso.
– ¡Comenzó el partido! – grita con furia. El relator de estatura pequeña, macizo, semi calvo y con una fija mirada, pero por sobre todo, una voz inconfundible, clara, precisa, detallista, perfecta. El relato de ese momento fue con rabia, con ganas de gritar por fin un gol al país en instancias tan importantes como esas. Como si estuviese censurado por mucho tiempo, pues así era. Un momento inolvidable para muchos, las frases inventadas en ese instante hacen imposible de imaginar al relator con sólo escucharlo, pero la imagen no importa en la radio. Pues hace honor a su nombre por su apodo, “El pequeño Gigante del relato”. Ya se acercaba al micrófono.
¡El Coto que comienza a pensar, el pase para Salas, penetró, puede ser, va a marcar, le pegó, golazo... goool, goool... chilenooo. Si te pagan para matar Matador, mañana viajas a Italia Matador y estás colocando la primera cifra para Chile, acá en Wembley, calladitos los ingleses, cuarenta y cuatro de la etapa inicial del partido. Uno para Chile, cero para Inglaterra. No estamos soñando es verdad, Chile uno, Inglaterra cero!– Para el relator fue el momento más importante en su vida, el hecho que marcó un antes y un después. También fue su propio sueño hecho realidad.

La palabra hecha imágen



Se identifica por su inconfundible fraseo, su ritmo y sobre todo por hacer de la transmisión un espectáculo. La magia de llevar al radioescucha directamente al estadio, a la cancha, junto a cada jugada. Metiendo metáforas para estimular más la imaginación.
–Es algo imprescindible a la hora de narrar, pues la radio es imagen en la palabra– cuenta Ernesto. Esa narración que tanto lo ha distinguido entre los demás relatores se la ha ganado. Y es precisamente el gol que le narró a Marcelo Salas en Wembley, el hecho que lo define en su vida. Es muy similar a lo que le ocurrió al relator uruguayo, Víctor Hugo Morales. Él fue quien relató el gol que hizo Diego Maradona a los ingleses.

Gol que por muchos es considerado el más hermoso de la historia del fútbol. Víctor Hugo lo narró con tanta pasión, con tanta fuerza y sentimiento, que él mismo lo define como el momento más importante de su vida.
–Marcelo no debe saber que es tan importante para mí, nunca le e dicho que me marcó en mi vida y en el relato. Pues me guardo mucho mis sentimientos. Siempre lo voy a recordar y lo voy a respetar en todo– afirma con emoción la persona que al parecer comunica lo que ve, en su vida personal es un hombre sencillo, callado y muy reservado.
No es gracias a Salas que Ernesto es el gran relator que es, sino es gracias a ese gol. Porque el relator ama mucho más al relato que el mismo fútbol. Salas lo pudo haber hecho llorar, marcar la diferencia, progresar en el relato, darse a conocer y estar donde está. Pero es gracias al relato que esa fría noche inglesa vio nacer la famosa frase: “no estamos soñando es verdad”
–Qué más decir de un gol de chile, lindo, en Europa, de visita y a estadio lleno, es increíble–afirma Ernesto Díaz Correa.
–El relator antes de ser periodista es relator y Ernesto es uno de esos tipos que dicen: soy relator. Y periodista también –dice Igor Ochoa, compañero en el programa “Al aire libre” en Radio Cooperativa.

PITAZO INICIAL
Ernesto Díaz Correa emigró de su natal Curicó a Santiago, para estudiar comunicación deportiva en la academia de Gabriel Muñoz. Sus inicios en Radio Nuevo Mundo están marcados por el esfuerzo y la constancia, siempre quiso llegar a ser el mejor, siempre quiso estar relacionado con el fútbol.
–El periodismo me encanta, pero el relato me apasiona. Si hoy me sacaran del relato, me muero, no sé hacer otra cosa, psicológicamente desaparezco y yo no sé porque– afirmó cerrando los ojos. El 87 saltó a Radio Nuevo Mundo, haciendo disciplinas deportivas como tenis de mesa, esgrima y básquetbol. Al año siguiente pasó a Radio Chilena como reportero. Ese año en el Santa Laura, faltó un puesto de cancha.
–El editor Edgardo Marín me dijo ¿te atreves? Y antes de que me diga yo ya estaba parado detrás del arco–comentó con una sonrisa. Es que era el momento más esperado. Fue un Audax Italiano contra Santiago Wanderers, con Carlos Alberto Bravo narrando.
– Bravo me dio el paso, me aleonó, me dio la bienvenida y me dijo mucha suerte. Y yo con más ganas partí– afirmó con orgullo. También comenta que para ser periodista hay que tener una vocación verdadera, pues el trabajo es muy duro y agotador, es pesado, pero a la vez es gratificante, estás haciendo lo que te gusta y eso es impagable. Pero para ser relator es distinto, hay que tener pasta, ingenio, rapidez de mente, velocidad de palabras, excelente dicción, fuerza de voz, simpatía, empatía, pero por sobre todo pasión por el fútbol, y pasión por el relato. Si no tienes el último elemento no puedes ser relator, o por lo menos, un relator exitoso. Porque para poder comunicar las emociones, las vivencias y todo lo que estás viendo y sintiendo en un estadio de fútbol, necesitas pasión. Ernesto Díaz Correa la tiene y por montones.

http://www.mypodcast.com/fsaudio/deporteadictos_20080813_2342-277220.mp3


CABEZA DE PELOTA
Es un hombre de 44 años, amante y estudioso del fútbol, pero sobre todo, del relato. A sus 12 años, comenzó a jugar en las series inferiores de Curicó Unido, imitando a insignes delanteros, punteros siete de la época como: Jorge Américo Spedaletti, Jorge "Pollo" Neumann y Horacio Simaldone. Pero cuando terminaba de jugar corría al estadio de La Granja a relatar los partidos del primer equipo y de las ligas campesinas,.
Ernesto usaba una antigua grabadora de su hermano mayor, luego publicaba el relato en las radios de la ciudad. Se crió escuchando a relatores como: Vladimiro Mimica, Hans Marwitz, Raúl Prado, Carlos Alberto Bravo, Nicanor Molinare de la Plaza, Darío Verdugo y Hernán Solís. Pues su padre hacía de los partidos de fútbol escuchados por la radio, una verdadera ceremonia donde la familia completa se sentaba a compartir.
Pero el pequeño Ernesto siempre quiso ser futbolista, pero no pudo. Se esforzó, subió al primer equipo de Curicó Unido y Deportes Colchagua, pero no logró llegar.
–Yo me considero un futbolista frustrado y siempre lo voy a ser– dijo. Es por eso que Ernesto siempre quiso estar relacionado en el fútbol. Esta vez en la historia, no existió su conocida frase “un sueño hecho realidad”. Ernesto optó por su otra gran pasión, el relato.



–Me gustó, porque si no fui futbolista, algo con la pelotita quería hacer–dijo. Es así que Ernesto luchó y luchó, viajaba a ver partidos al Estadio Santa Laura o al Nacional. Pagaba tribuna bajo marquesina sólo para ver cuando los relatores salían a descansar al balcón.
– Los miraba a ellos en vez de ver el partido–dijo. Estaban los mismos relatores que escuchaba cuando pequeño; los veía como dioses, monstruos, grandes.
Ernesto los escuchaba en la radio y en ese momento los estaba viendo frente a sus ojos. Era la alegría más grande de su vida. Su propio sueño hecho realidad. Y ahí fue cuando decidió que su gran reto era ser uno de ellos, llegar hasta esa cabina en la cima del estadio. Pero para eso había que trabajar mucho, duro, con esfuerzo, y por sobre todo ser auténtico, comenta.
–Pues es la única forma de salir del margen común de los relatores. Crear, ser imaginativo a la hora de narrar jugadas y goles – Para eso, Ernesto es uno de los mejores, sino el mejor que a visto Chile. Perdón, escuchado nuestro país.
El debut llegaría muy pronto, ya que en el 88 Carlos Alberto Bravo le daría la oportunidad de relatar un partido en el fútbol profesional por Radio Chilena. El encuentro era entre Audax Italiano y San Felipe. Esa tarde de intenso calor en el Valle del Aconcagua sería testigo del primer relato de Ernesto Díaz Correa. Un joven muy nervioso, pero seguro de sí mismo se acercaba al micrófono. Eran las cinco de la tarde y el calor a esas alturas era insoportable, el pitazo estaba por darse. Junto a él estaba el “Pollo” Sepúlveda, comentarista en ese entonces, quien le dijo antes de iniciar el relato: –Eres de los mejores relatores en este país, te escuché el otro día en la radio y de verdad tienes pasta, ¡habla fuerte y confianza cabro!–
El partido pasó rápidamente y le tocó relatar un gol de Audax. Cuando llegó a la emisora en Santiago, el radio controlador le dijo que lo había hecho bien y que tenía una potencial voz, pero que aún le faltaba mucho. –Esa tarde fue una de las más felices de mi vida, era otro de mis sueños hechos realidad –dijo el relator.


CRITIÓN
La radio es el medio más confiable en nuestro país. Y Ernesto lo tiene bien claro, lo toma con responsabilidad y con orgullo. Aunque pese a todos los cambios que ha sufrido el mundo debido a la globalización, la televisión, la prensa online y medios que surgen cada día. La radio debe competir pues corre en desventaja, pero no va perdiendo.
–La radio al ser sólo voz es imaginación. Quizás es algo fuera de lo común porque el “ver para creer” en esta escena no cabe. Es increíble que la misma gente que ve televisión y lee el diario siempre va a escuchar radio. Pues la radio – es la ilusión de la palabra dicha –afirma el relator. Este mes Ernesto cumple quince años narrando partidos de fútbol, lo que le ha dado la experiencia para ser en una de las voces más autorizadas a la hora de opinar, pues como el mismo dice, también es periodista. Y cuando opina, intenta hacerlo de la forma más crítica posible, pero siempre con una visión constructiva. Es la única forma de hacer radio profesionalmente, pues dice que para competir con la televisión no hay que hacer lo mismo que ella, sino totalmente lo contrario.


Igor Ochoa dice –que la radio debe recurrir a sus orígenes, usar el lenguaje hablado a su perfección, con metáforas, con la gracia de incentivar al oyente mediante la imaginación. Cosa que la televisión no puede hacer, pues entrega todo envasado, listo para ver. La radio tiene esa ventaja y es su gran aliado –
–Los relatores debemos aprovechar el respeto que nos otorga la gente y ser capaces de hilar ideas inteligentes que hagan trabajar la mente. No hacer una pega floja y sin pensamiento. Como periodistas tenemos la obligación preocuparnos de nuestro discurso y estructurar ideas claras y ricas en información –afirma y termina diciendo que de esa forma es la única solución para mantenernos como medio. Es que Ernesto trabaja día a día para ser mejor relator y periodista.

AL AIRE LIBRE
–Como comunicadores nos sentimos con la verdad, con la gracia que nos ha dado la gente al escucharnos. Y no podemos fallarles ni mentirles, pues es mucha gente la que nos escucha, por ello no podemos perder su fidelidad hacia nosotros eso te da la seguridad de ser un buen medio de comunicación, afirma. También reconoce que el nivel del periodismo deportivo en Chile es de gran alto, pero sólo en algunos periodistas, en algunos medios. Pues cuando se preocupan de dar opiniones que realmente no se centran en lo netamente deportivo y futbolístico, el nivel del comentario es pobre.
–Creen que metiendo farándula interesarán más al auditor. No al hablar del esquema, del cuatro, cuatro, dos. O de la fórmula o de como se ve el partido. Buscan la alternativa fácil, que es criticar y no analizar profundamente lo que el auditor quiere escuchar–dice tajantemente.
Mientras está sentado en la sala de espera de la Escuela de Artes Vocales de Myriam Hernández. Ernesto trae consigo un jugo de miel que se trae los fines de semana de Curicó, cuida su garganta. Es que para ser bueno es esto hay que ser profesional. Y Ernesto lo es. Se trata con un otorrinolaringólogo y un fonoaudiólogo, quienes le manejan su voz. Cuando lo llaman se para rápidamente y saluda al doctor. Sale, estuvo casi media hora en atención. Le hicieron un diagnóstico, uno de los dos que se hace mensualmente para ver su estado. Se ve la tremenda sonrisa en su cara pues está cien por ciento para el clásico del fin de semana entre Universidad Católica y Colo Colo.
Ernesto vive sólo en Santiago, su esposa Matilde y sus hijos Benjamín de once y Simón Emilio de dos años viven con su madre en Curicó.
–Prefiero que vivan en provincia, donde se está más tranquilo y más en familia. Por ende viajo todos los martes al sur y regreso los viernes a la capital, mi principal labor es los fines de semana, pues debo relatar –dice el padre de familia, quien debe pasar los fines de semana sólo, es que como lo dijo antes, la vocación a veces te juega en contra, pero si haces lo que te gusta, la felicidad viene sola.
Son las tres de la tarde y Ernesto se dirige al Estadio Nacional, estaciona su auto y camina hacia la entrada de prensa. La gente lo saluda – ¡Chico Díaz, grite los goles del Colo pues! – Él ni se inmuta.
–Tengo que hacer oídos sordos esta vez, pues esta pega tiene sus alegrías, pero no puedes gustarle a todos –afirma.
La tarde de día sábado está más que agradable, un sol que quema y una suave brisa. Cuando entra a la cabina de transmisión ya está Igor Ochoa y Marco Coumsille, ambos comentaristas del programa. Y los técnicos terminando de instalar los últimos cables que finalizan en el micrófono que el relator va a usar para este partido. La hora del encuentro se acerca y cada uno de los periodistas toma su lugar, todo debe estar en orden, pues Ernesto no quiere ninguna interrupción, en eso es muy exigente, pues quiere estar tranquilo
–En ese sentido quizás soy hasta molesto, pero necesito tener un buen ambiente para relatar –dice, en esa cabina en la cima del estadio, el relator es quien manda.
El partido es intenso, ya van uno a uno. El elenco albo se impone al cuadro cruzado y logra marcar también la segunda y tercera cifra. Al momento del grito de gol, relator y micrófono son uno solo.

–¡Goool... goool... goool, de Colo Colo. Pelota en la red, pelota en la red, mató mató mató. Daniel González lo hizo. Veintidós de la etapa inicial del cotejo. De atrás pica el indio dicen. Uno para Colo Colo, cero para Católica, váyanse preparando los albos en Plaza Italia!–

Ernesto Díaz, luego de una transmisión electrizante, sin errores, con una capacidad de comunicar envidiable a cualquier periodista, termina su relato – ¡Termino el partido, acá en el Nacional, el partido ya es historia, el elenco albo se quedó con la victoria. A esperar la UC. Usted lo vivió por “Al aire libre” para todo el planeta, con la alegría de siempre ¡–dice.
Es el sello que también lo identifica, con la alegría se siempre, pues pese a ser hincha de Unión Española, debe gritar de igual forma todos los goles, porque como él mismo lo dijo, antes de ser fanático del fútbol, es apasionado por el relato. Donde el mismo narra su historia, el relato, el momento donde sus propios sueños de hacen realidad.

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